Ensayo: sobre el amor, los encuentros y el deseo

Estamos en vísperas de San Valentín, y me pareció una excelente excusa para hablar sobre el amor. Pero antes de adentrarme en este tema, quiero mencionar un libro que me gusta mucho: Grandes esperanzas (Great Expectations), la famosa novela de Charles Dickens. No me encontré con este libro hasta que vi, por primera vez, una de sus adaptaciones cinematográficas, la película de 1998 con el mismo nombre, dirigida nada menos que por Alfonso Cuaron , y protagonizada por Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow.

En esta versión, la historia sigue a Philip (Pip), un joven huérfano que crece con su hermana y su cuñado. Debido a su origen humilde, comienza a trabajar como jardinero en la casa de la excéntrica señora Dinsmoor, donde conoce a su nieta, Estella. La señora Dinsmoor,  le advierte que la muchacha le romperá el corazón, desde ese momento, su vida queda marcada por una serie de encuentros y desencuentros de amor.

Es importante tener en cuenta cómo comienza la película porque el narrador dice: «No voy a narrar los hechos como realmente sucedieron, sino como los recuerdo.» Y ya sabemos que los humanos somos seres de lenguaje, y que la historia que nos contamos no solo marca nuestra percepción de la realidad, sino también, quizás, nuestras decisiones. Desde el inicio, entendemos que los hechos narrados están teñidos de emociones y subjetividad.

La historia de Pip y Estella está marcada por sus propias historias de vida. En el caso de Estella, su visión del amor fue moldeada por su abuela, quien, tras haber sido abandonada por su prometido el día de su boda , la educó con la idea de que el amor era un terreno peligroso, una trampa de la que era mejor mantenerse alejada. Todos tenemos una idea, un preconcepto de lo que es «el amor» y lo que significa amar. Esta idea está influenciada por el amor que recibimos en nuestra infancia. ¿Podemos romper con esa idea y crear un nuevo concepto? Por eso nos enamoramos de alguien cuando sentimos que esa persona puede habitar ese hogar que ya tenemos construido desde hace tiempo.

Entonces, el amor:  ¿Es un punto de llegada o un punto de partida? La señora Dinsmoor aconsejaba a su nieta que se limitara a disfrutar del placer, porque amar es un riesgo. Cuando amamos, nos volvemos vulnerables. El amor nos desprotege, nos expone a la incertidumbre y al dolor. ¿Entonces? ¿Podemos vivir una vida alejados del amor solo por miedo? ¿Vale la pena el costo a pagar? ¿O preferimos quedarnos en vínculos donde no nos implique una perdida y permanecemos ahi porque es mejor que animarse a sentir?

El psicoanalista Gabriel Rolón, en su libro Encuentros (el lado B del amor), plantea que el amor atraviesa tres etapas fundamentales: la primer etapa es el enamoramiento: Una fase de ilusión donde nuestra percepción se altera. En este momento, el amor se experimenta como una dualidad extrema: lo tenemos todo o lo perdemos todo.Luego le continua la desilusión: Para superar esta etapa, es necesario aceptar y amar al otro por lo que es, no por lo que quisiéramos que fuera. El amor incondicional no existe, porque «incondicional» significa «sin condiciones», y cualquier amor sano establece sus propios límites y su propio lenguaje.Por ultimo, luego de que salimos de la desilusión, es ahi recién, cuando realmente se puede construir algo, es lo que se llama «amor maduro», en esta fase, ya no predomina la necesidad, sino el deseo. Es cuando elegimos compartir la vida con alguien porque sentimos que a su lado todo adquiere un sentido diferente.

    Lo que les sucedió a Pip y Estella en Grandes esperanzas es que nunca lograron salir del espiral del enamoramiento y la desilusión. ¿Lograron finalmente construir un amor maduro? No se los diré… para saberlo, tendrán que leer el libro o ver la película.

    Para cerrar, quiero citar nuevamente a Rolón: «Renunciar a amar es renunciar a vivir. El riesgo del dolor es el costo que pagamos por el intento de habitar un universo que tenga algún sentido.» Porque amar es aceptar, y no vence el que gana sino el que aprende. 

    ¡Feliz San Valentín!

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