Otoño: en Buenos Aires

Ya es casi otoño, y hay algo en esta estación que me conmueve profundamente, aunque no sepa explicar muy bien qué es. El otoño es una estación ideal para estar en Buenos Aires. Hace poco alguien me preguntó: “¿Cuál es tu película favorita?” No supe qué responder, o tal vez no se me vino nada a la mente en ese instante. Solo dije: “Creo que no tengo una favorita”. Aunque mi respuesta fue honesta, si tuviera que elegir una, sería Medianeras, una película argentina poco conocida, pero que a mí me fascina. Habla de Buenos Aires y, aunque fue filmada en 2011 (hace ya 14 años), no pierde vigencia. Es una joya oculta del cine argentino. Su director, Gustavo Taretto, tiene una sensibilidad única, logrando que cada plano sea bellísimo. 

Me encanta cómo inicia la película, cuando el narrador menciona: «Buenos Aires crece descontrolada e imperfecta. Es una ciudad superpoblada en un país desierto, una ciudad donde se yerguen miles y miles de edificios sin ningún criterio. Al lado de uno muy alto, hay uno muy bajo; al lado de uno racional, hay uno irracional; al lado de uno de estilo francés, otro que no tiene ningún estilo. Estos edificios que surgen sin lógica alguna reflejan nuestra propia vida, que construimos sin un plan, sin la menor idea de cómo queremos que nos quede. Vivimos como si estuviéramos de paso en Buenos Aires».

Es cierto que a veces armamos nuestra vida sin ningún criterio ni lógica aparente. Quizá sea por eso que me gusta vivir en Buenos Aires: porque en su caos desordenado encuentro un reflejo de mis propios pensamientos.

La historia de Medianeras es sencilla pero profunda. Habla de cómo, en una ciudad tan grande, puede resultar difícil conectar con los demás, incluso con aquellos que viven en la misma cuadra.

Martín es un fóbico en proceso de recuperación. De a poco, va saliendo del encierro de su monoambiente y de su adicción al mundo virtual. Mariana, recién separada, tiene la cabeza tan desordenada como su departamento. Deberían conocerse, ¿no? Pero, ¿cómo se encuentran dos personas en una ciudad superpoblada como Buenos Aires?

Es cierto que la bandera del individualismo está en auge estos días, pero aunque a veces nos sintamos como islas y la soledad nos resulte cómoda, considero que la felicidad es compartida. Todo bien con el individualismo, con esos logros y metas personales… pero al final del día, al menos para mí, lo que realmente cuenta es cuántas veces decimos gracias, cuántas veces damos un abrazo, hacemos reír a alguien, regalamos una sonrisa, ofrecemos una mirada de amor, cuánto practicamos la escucha activa. Tal vez no podamos cambiar al mundo, es cierto, pero podemos cambiar el dia a alguien y asi hacer del mundo un lugar con mas amor.

Entonces, me pregunto: en estos tiempos dominados por pantallas, ¿cómo logramos conectar? Tal vez encontrar a alguien sea como buscar en el libro ¿Dónde esta Wally? en un mar de caos. Difícil, sí. Imposible, no.

¿Somos nosotros quienes levantamos muros o es el mundo el que se ha vuelto más hostil? ¿Cómo podemos derribar esas barreras y mostrarnos vulnerables sin salir heridos? No tengo una solución, solo una recomendación: la clave está en salir más, en animarnos a deambular por la ciudad, por la vida también, sin un rumbo fijo. Porque cuando buscamos algo, también dejamos la posibilidad de ser encontrados.

Este otoño, los invito a perderse en Buenos Aires, a recorrer sus cafés, sus librerías, sus parques bañados de tonos ocres. A caminar con un café en la mano, a escuchar una playlist mientras la brisa suave acaricia el rostro. Porque aun si nos sentimos perdidos, es posible que, en ese caminar, encontremos justo aquello que no sabíamos que estábamos buscando. Y ahí, en ese instante, sucede la magia. (Y, ¿por qué no? Tal vez me encuentren a mí también, perdida por Buenos Aires, tan fan de esta ciudad).

No sé si es el otoño, la ciudad o qué, pero les recomiendo muchísimo que vean Medianeras. Les dejo el tráiler. No se olviden que, al final, love will find you at the end.

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