An Englishman in Buenos Aires

Tengo un amigo inglés viviendo en Buenos Aires. Le encanta la ciudad, pero lo que más ama es fumar cigarrillos con su café. Es cierto que su inglés tiene un encanto particular, y a veces se ríe de mi inglés ligeramente alterado. A veces me pregunto si sueno tan «cute» hablando mal inglés, como suena el hablando español.

No es de Londres, no. Es de un pequeño pueblo, costero. Quizá por eso es tan agradable; la gente de las grandes ciudades, a veces, puede ser un poco «entitled».

A veces recorremos diferentes cafés, en busca de la mejor medialuna, o simplemente caminamos y hablamos de cosas random, y cómo tal vez el mundo podría ser un lugar mejor, o tal vez no. De cómo la mente maneja todo, y de la importancia de nuestra narrativa interna. 

Una vez escuché que cuando hablas otro idioma (además del nativo) te cambia la personalidad. No tengo dudas, pero tampoco certezas sobre eso. Tal vez lo que me gusta de compartir café con él es que una parte de mí se siente distinta.

Siento, que puedo contarle cualquier cosa, porque tal vez, en otro idioma  las palabras pierden peso. Porque, tal vez, cuando hablamos en otra lengua, que no nos pertenece, creemos y queremos que todo lo que decimos tampoco nos pertenezca (aunque sí, porque las pronunciamos con la misma boca).

Simplemente, me agrada que me escuche, con sus ojos azules mirándome, tan atento a lo que voy a decir. Es posible que haya palabras que está tratando de descifrar mientras hablo (nunca lo sabré). Me recuerda a mi amigo Panchi, que ahora vive en Alemania, y me hace extrañarlo.

No sé cómo explicarlo, pero tener un amigo varón es muy distinto de tener una amiga mujer. No solo porque tienen otro punto de vista, sino que, de alguna manera, es bonito contar con un hombre que te escucha sin que todo se reduzca a sexo.

Me gustan nuestras charlas de todo un poco, porque me deja divagar en mi mente. Me gusta escucharlo hablar de política, o de los artículos que escribe. Su visión del mundo, y cómo fue su crianza en Inglaterra.

La vida actúa de maneras misteriosas, y sin duda es un misterio que un inglés esté viviendo en Buenos Aires, que grato es encontrar personas con quienes tomar un café y hablarse a los ojos. El tiempo se escurre, y  se congela un momento;  volvemos a ser adolescentes, donde todo es tan liviano, y la vida no pesa, ni las obligaciones tampoco. Donde ser honesto no es mal visto, sino abrazado, recibido.

La simpleza que alguien te escuche y te mire a los ojos. 

Sorry for the song, I know you I hate it, but the rhythm is catchy.

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