Hace unas semanas volví a la tierra prometida, argentinita de mi cuore. No se si es la primavera, que siempre me retrotrae a cambios, a movimientos, a esa plantita que deja de ser un bulbo y emerge una flor. Por eso mismo hoy quiero hablarles de “transformación” o transformarse.
En palabras de Alaleh Najaf, la transformación sería el recorrido entre una identidad y otra, entonces: “Lo que se transforma, lo que muta es una parte de nuestra identidad. No son decisiones conscientes, son productos de crisis y nunca cuando estás en esa podemos ponerle un nombre hasta mucho después.”
Los cambios nunca son espectaculares, como creemos, y no hablo de ese cambio de look que hacemos para creer que estamos en control. Porque si bien, siempre el cambio exterior es lo más visible, pero ¿qué pasa con lo interno?
Alaleh dice: “es como tener puesto un vestido que no te calza más, pero insistís en ponértelo todas las mañanas, pero no funciona. Entre lo nuevo y lo viejo hay transiciones que son silenciosas, que llevan tiempo, lo nuevo casi nunca tiene un efecto inmediato. La transformación es gradual, aparece lentamente, no descubro una verdad, ni tampoco me ilumino, sino que son verdades que van decantando por la experiencia misma, la propia. Es un saber que no se encuentra en un libro, ni en un saber que se puede apurar. Nos estancamos, mejoramos, empeoramos y volvemos a empezar”.
El proceso de transformación es continuo y tan silencioso que a veces sentimos que nada se mueve.
Esto me hizo pensar, que vengo hace un año y medio sintiendo que nada se mueve, o como dice Alaleh “ en transformación”, pero claro, no sabía que nombre ponerle hasta este momento.
Freud dice: que la repetición no es un error o torpeza. Que repetimos eso no resuelto, por la insistencia del psiquismo de intentar dar ahí una respuesta que antes no la hubo.
Me puse a revisar todo este año y medio y pensé en qué intenta reparar mi psiquismo de una forma tan inconsciente que hasta asusta. Bueno, muchas cosas. Y, por supuesto, repetí varias. Y, por supuesto también, varias salieron mal.
También, otra cosa, nada que ver —o quizás sí—: compré un colchón nuevo después de haber tenido el mismo durante diez años. Fue una de mis primeras compras entrando al mundo de la vida adulta.
Me pongo mística, pero quiero creer que con ese colchón cierro una etapa de “malos amores”. Que me libero de una energía atrapada en ese colchón y, también de esa racha de amores repetitivos. Quiero creer que le doy apertura a amores que quieran compartir algo más allá de una virtualidad. Y, por qué no, también un colchón nuevo.
Ya va un año y medio y… me estanque, mejore, empeore y volví a empezar. Me estanque, mejore, empeore y volví a empezar.